jueves 12 de noviembre de 2009

Buon giovedi...

Llegó por fin, otro jueves. Son las nueve de la mañana y a mi apenas me alcanza la coordinación y la energía para escribir lo que dicta mi cerebro como lo dicta, cuando lo dicta. Y como ha decidido dictar justamente a las nueve de la mañana, heme aquí, oh público invernal que apenas consiste en dos personas y yo mismo (porque últimamente me ha dado por esculcar mi blog y ver qué es lo que estaba haciendo "en un día como hoy" pero del año pasado o de fechas parecidas.

Pero les decía que por fin es jueves. Mañana es el único día de la bendita semana en que la vida no demuestra que la energía ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. Y lo que sucede es que de lunes a jueves la energía electrica (partamos de ahí) se transforma a partir de reacciones químicas en la batería de mi despertador. A las 4:49, número cabalístico que en mi diccionario significa "comienzo, despertar", la energía eléctrica de la pila cuadrada se convierte en sonido, un martirizante y chirriante pitido que solamente puede compararse con las gaitas del mismísimo infierno. Con eso, mi cuerpo recibe una señal que provoca que mi cuerpo se levante, de ahí en adelante, todo se lo debo a la inercia: como pelota en pinball voy dando tumbos en la obscuridad hasta que en algún rebote caigo en la regadera, si estoy bien despierto, entro por voluntad propia y procedo a bañarme y eliminar mi barba azul; si aún no despierto bien, pasa lo que hoy y yo entro con todo y pijama a la regadera... Oh boy. Lo demás del día en un día como hoy, importa poco.

Lo bueno es que hoy llego a las 8 a mi casa y mañana ya es viernes. ¡Y con puente!
Sniff... ¡Cuánta felicidad!

Quiero ver "9"...

jueves 5 de noviembre de 2009

Quejas de jueves por la mañana

Empiezo a sospechar que los orientales tienen razón y esto de vivir es tan complicado que a uno le toma más de una vida entender para qué vino al condenado, apestoso y tercer-mundista mundo mundial. Y tal vez no sea culpa de la vida como una simple sucesión de circunstancias que uno aprovecha o manda al diablo según le venga en gana. Tal vez la culpa tampoco sea del mundo en general, ni de los peligros que nos rodean (pobres australianos, si no los mata una medusa los pica una serpiente o los muerde una tarantula y en cualquiera de los casos tienen altas posibilidades de entrar en ese estado que mi sobrino ha llamado atinadamente y a sus pocos años de vida:"la meme gigante"). No, no. Si debemos echarle la culpa a alguien de que el mundo sea un lugar inhóspito, la culpable es la humanidad.

Sucede que una persona normal se levanta muy temprano por la mañana, se prepara un café porque el tiempo y el estado zombie en el que uno despierta en la madrugada no dan para mucho más y luego se prepara para un día en la oficina en el que tendrá que lidiar con los mismos problemas de todos los días: el tipo de junto que sería mucho más útil si se sentara encima del escritorio y operara como pisapapeles, la mujer con ojos de topo que se la pasa haciendo comentarios idiotas y chistes que no le causan gracia ni a ella, el/la jefe(a) incompetente y abusona, la hora de comida que no podrá tomar porque hay demasiado trabajo, la hora de entrada que es totalmente inflexible porque para el jefe un minuto más es vital, la hora de salida totalmente flexible porque para el jefe dos horas más son vitales... en fin...

Pero esos no son todos nuestros problemas, ¿Verdad? Es más, yo diría que esos son problemillas sencillos que acaban en cuanto uno pone un pie (o pata o pezuña, dependiendo de la persona) fuera de la oficina. Y aquí viene lo mejor. Justo cuando acaban esos problemas, empiezan los más graves. Y claro, todo se lo debemos a La Humanidad, ilustre colectividad de sujetos que uno logra apreciar e incluso querer mucho individualmente, pero que cuando se suman se transforman en una masa amorfa y descerebrada que circula por toda la ciudad como si tuviera prisa por llegar a ningún lugar en especial.

He descubierto que a La Humanidad le sobran motivos para no vivir su vida (y para en cambio, intentar vivir la ajena siempre, diario y en todo momento). La gente se relaciona con gente a la que juró aborrecer, se separan de los que realmente quieren, se olvidan de gente a la que juraron no olvidar y en cambio recuerdan solamente las peores cosas de los demás. Se levantan tarde y se quejan porque se les hizo tarde, y además están durmiéndose todo el día porque el día anterior parecía indispensable ver un programa de televisión hasta altas horas de la noche o pasarse la noche hablando en Messenger sobre trivialidades. La Humanidad se queja de su suerte, pero no procura cambios, se amarga por su situación, pero no busca alternativas; sufre por sus desilusiones, pero no le da la gana pensar en todas las posibilidades. Y claro, cuando llega uno que es perfectamente normal, La Humanidad lo agarra y lo despedaza, se lo comen vivo y al digerirlo (¿o será que es él quien digiere?) se incorpora a la nueva Masa...

Yo por eso mejor me mantengo en el exilio. Con apenas suficiente contacto humano como para no dibujarle una carita a un balón y ponerme a platicar con él. Conviviendo apenas lo suficiente para no despertar un día y descubrir que he olvidado como hablar. Mi fé en la humanidad se encuentra temporalmente suspendida.

¿Y por qué tu coraje contra la humanidad en este frío y apaciguado jueves?
Porque con tantos postres en el mundo y panes en la mesa...
!!!El tarado de Josele se tenía que comer MI panquecito!!!

domingo 1 de noviembre de 2009

Post-Halloween thoughts...


And I still can't figure why the cashier at Walmart was giving me a dirty look…..
I really ran out of apples and razor blades last night.
Anthony S

jueves 29 de octubre de 2009

Office tales from the Cryptkeeper.

I once thought I had mono for an entire year. It turned out I was just really bored.
(De la legendaria película "Wayne's World"... bueno, ni tan legendaria, pero me cayó bien...)

Ya cuando el ocio ataca lo suficiente como para poner babosadas como la entrada anterior en este blog me doy cuenta de la gravedad del ocio y del millón de cosas que debería estar haciendo en lugar de escribir aquí, revisar Facebook como si fuera a pasar algo interesante ahí o simplemente vagar por internet sin propósito ni rumbo fijo. Lo malo es que darme cuenta no implica combatir el ocio o volverme productivo. No, no. Me doy cuenta y me preocupo, pero no me ocupo, porque el ocio se ha vuelto escaso, y por lo tanto, más valioso. Es casi como meditar, perderme en los rincones de mi cabeza loca y dejarme llevar por cualquier estupidez que se me ocurra. Total, no daño a nadie.

Y así me puse a pensar en tantas cosas que han ocurrido últimamente y que ustedes no saben porque yo no les he contado. Y normalmente la gente no se ocupa mucho de la vida de los demás, así que no tendrían por qué saber a menos que yo les contara. ¿Y les contaré? Pues un poco, como no, así que si hay alguien que no esté interesado en saber qué ha pasado, es buen momento para visitar otra página. Habiendo advertido sobre la información autobiográfica a continuación, procederé.

Resulta que esta semana es una de las pocas en que no tengo examen el sábado. Es más, ya no me acuerdo cómo se siente un sábado de esos en que uno se puede levantar a la hora que se le dé la gana (y a mí casi siempre se me da la gana como a las 8-8:30) para ver televisión o hacer cualquier cosa que no sea manejar hacia la escuela con la ciudad vacía, parar cinco minutos para ver el amanecer en el mini-bosque de los árboles de colores y luego llegar al estacionamiento vacío de la escuela para no pelearme con los pseudo-humanos que atentan contra mi buen humor y decencia a las 7 de la mañana si llego dos minutos después de lo acostumbrado.

En un día normal de este semestre, estaré en la escuela hasta las 11:30, correré a casa para comer lo que haya (si da tiempo; si no, huelga de hambre por falta de tiempo) y luego correr a la oficina para hacer mil cosas durante 8 horas que firmará alguien más y entregará con mi nombre como el trabajo que realizó durante una semana pero que a mí me exigió en tres horas porque era urgente (pero sólo fue urgente cuando le recordaron que ya tenía una semana sin trabajar en ese asunto). Oh sí, niños y niñas, esto se repite de lunes a miércoles, y yo puedo sentir esa parte de mi paciencia que se deteriora, de mi buena voluntad que muere y de mi fe en la humanidad que va desapareciendo "one day at a time...".

El jueves mi actitud mejora un poco porque el viernes no tengo clases... pero nada es perfecto y, a cambio, debo llegar a la oficina a las 8 de la mañana. Ahora, aquí hay algo que mencionar... TODOS en la oficina tienen derecho a salir temprano el viernes si han llegado temprano todos los días de la semana anterior. Solamente hay ocho personas que llegan temprano a la oficina, cinco del personal de intendencia, dos de mi departamento y yo. Sin embargo, esto no frena a TODOS los demás para salirse discretamente y en cómodos movimientos de dos en dos a partir de las cuatro de la tarde. Yo los veo irse, pero me quedo hasta las 6:30 de la tarde (mínimo) porque siempre hay algo urgente que aparece como a las 6 y como no hay nadie más, adivinen a quién se lo pasan...

¿Me he quejado? Claro que no. Mi política siempre ha sido la de no quejarme, la de reventar un día sin mayor esfuerzo y en un arranque digno del demonio de tazmania arrancarle la cabeza al que se siente junto a mí, sacarle las tripas al que se acerque a ver qué pasa, los ojos al primero que grite y acabar con los demás con una explosión colorida y decente en el clásico cierre que James Bond daría a la escena...

Pero mi frustración no acaba ahí. Claro que no. Porque los males de oficina en realidad ni son tantos ni son tan malos. Uno les agarra cariño a las estupideces que le hacen diario precisamente por su carácter cotidiano. Podemos soportar a un jefe abusón, trabajo de viernes a las 7 de la noche, cosas urgentes que urgían desde hace una semana pero que nos acaban de avisar. Pero lo que no podemos soportar son los detallitos... como la Claudia (se acuerdan de la referencia de Cándido Pérez) que insiste en decirme "Kike" o "Kikín" (odio que me digan así) o su perfume que huele como a vainilla pisoteada por una mula con café soluble y canela en polvo... o la maldita forma que tiene de interrumpirme justo cuando tengo que estar más concentrado para que baje una caja o haga SU trabajo o preguntarme algo para luego decirme "¿Estás seguro?" "No te creo"... y que yo le responda "¿¡¡¡ENTONCES PARA QUÉ ME PREGUNTAS!!!?" El otro día, sin ir más lejos, tuvo que interrumpirme para preguntar si sabía qué era lo que le había pasado a Alejandra Guzmán... casi la mato. Carajoles... Además se acerca el miércoles (el día en que mi paciencia es más delicadita) y la Guayaba esta agarra su segundo aire y se pone todavía más fastidiosa. Oh boy...

Para que se den una idea (evidentemente, ella empieza la conversación porque yo no le hablo con tal de escuchar sus tarugadas lo menos posible):
-"Kikín"...
-¿Qué?
-Necesito bajar esa caja.
-Pues bien por ti, échale ganas, amortigua el impacto con las rodillas y no cargues con la espalda porque te puedes hacer daño.
-¡¿No vas a ayudar a una dama?!
(R se pone de pie)
-¡Claro que sí! ¿Dónde está la dama?

O la favorita de la oficina (que todavía se ríen al recordar).
-¿Kikín, te puedo robar un segundito?
-Ah pero si cómo chi.... símo gusto.

Y esto es toooodos los días.
Llego a mi casa, cansado y apenas me da tiempo de medio comer lo que encuentre (que el otro día fue un sandwich con un pan que tenía un poco de penicilina pero me dí cuenta a media vacuna), preparar mi ropa para el día siguiente, dejar mi traje listo para su viaje a la tintorería y ver, cuando me va bien, algún programa de tele antes de caer en un estado entre el coma y el Nirvana...

Y lo peor, en días como hoy, en que el ocio es mayor, hasta me da tiempo de pensar...
¿Qué será eso que tanta falta me hace últimamente?

martes 27 de octubre de 2009

The R! True Hollywood Story

Estos han sido días complicados. Para sobrevivirlos no se ha necesitado gran cosa, pero definitivamente lo dejan a uno pensando quién tendrá la culpa de todo. Verán ustedes, ahora que por fin tengo una semana de paz relativa me puse a pensar quién podría ser el culpable de todos nuestros males y desórdenes. La psicología, al menos en alguna de sus ramas, apoya la teoría de que nosotros somos lo que nuestra infancia hizo (o deshizo) de nosotros. Por eso me puse a buscar un factor común, un rasgo, característica o evento que haya tomado nuestras infancias como rehenes y nos haya devuelto lo que sale de fuertes traumas. ¿Y cuál fue el resultado?, preguntará el científico público del día de hoy. Lo que nos afectó a todos fue, sin lugar a dudas, sin el menor temor a equivocarme, Plaza Sésamo.

¿Pero por qué Plaza Sésamo, si todos sus habitantes eran tan inocentes y nobles? ¿De verdad lo eran? La siguiente investigación arroja resultados asombrosos. A continuación analizaremos a los personajes de Plaza Sésamo. Les presento: The R! True Hollywood Story: Sesame Street, Parental Advisory. (Cualquier intento, sospecha o plagio comprobado no será castigado con cárcel, sino con la hoguera. Para contactar al autor, no se molesten... a menos que sea para darme un premio en ciencia o algo así, entonces solo dejen un mensaje. Ray 2009, All rights reserved.)


Inspirado en esos artículos que dicen que los Pitufos eran del Ku Klux Klan, que los siete enanos eran los siete pecados capitales, que los discos de Tatiana tocados en reversa tienen invocaciones satánicas y en cualquier otro artículo que pretenda ser científico cuando de ciencia no tiene nada, les presento ahora, padres del mundo, padres "to-be" e individuos visitantes de este blog una investigación (medio) científica de los archivos de los "Expedientes Secretos R".


Ustedes que suponen que sus hijos están en buenas manos cuando dedican media hora a ver Plaza Sésamo podrían estar en un error. Con los resultados de esta seria investigación, tal vez sería mejor idea dejar que Eminem o Snoop Dog eduquen a sus hijos...


El Conde Contar (Count Von Count),
nació en 1976 y se viste como vampiro a pesar de no beber sangre humana ni poder transformarse en murciélago... lo cual lo convierte en un miembro de ese grupo disperso por el mundo de gente-que-se-cree-vampiro... Además de eso, sufre un trastorno obsesivo-compulsivo que lo obliga a contar absolutamente todo lo que lo rodea. Por si eso fuera poco, tiene "lazy eye", o sea que nada más usa un ojo y el otro no le sirve de mucho (aunque este último problema pretende corregirlo con su monóculo).


El Monstruo Come-Galletas,
tiene un severo desórden alimenticio. Al parecer, su dieta consiste en galletas, sin embargo se le ha visto atragantarse una gran cantidad de artículos que normalmente nadie se comería. Está cubierto de pelo por una rara enfermedad y además tiene un color azúl raro (probablemente por exceso de plomo en la sangre por todas las porquerías que se atraganta).




Miss Piggy,
La más peligrosa de todos los muppets. Además de tener un marcadísimo complejo narcicista, la puerquita que pretende tener un aire sensual sufre de ataques de violencia que sumados a su fuerza supra-humana (o supra-porcina), la convierten en una sociópata en potencia con tendencias homicidas (suicidas no porque se quiere demasiado como para darse en la torre solita...). Histérica, narcisista, dramática, violenta, celosa y rubia... La mujer perfecta para los norteamericanos...



Enrique y Beto,
ni porque uno es tocayo puedo defenderlos... Muchos rumores han circulado siempre sobre la relación que estos dos muppets tienen, y la foto que tenemos a la izquierda nos muestra por qué. Los gays del mundo aún luchan por sus derechos y libertad en muchos aspectos y, en general, han abandonado sus escondites pues ya no temen expresar sus preferencias. Ser gay no tiene nada de malo, pero vivir con otro tipo, dormir casi juntitos, tomarse fotos como la de la izquierda y luego pretender que son muy machos... pues son claros síntomas de crisis de identidad sexual.


Beaker,
este muppet tiene un severo daño cerebral, prognatismo y un problema en la nariz al parecer producido por una extraña alergia. Su personalidad... bueno, es complicado clasificarlo como persona. Su daño cerebral solamente podría explicarse por inhalación de alguna substancia rara o una lobotomía que salió mal. (Trivia: ¿Cuál es la diferencia entre Beaker y Josele? Que uno es un muppet narizón sin cerebro que no habla español, y el otro se llama Beaker.


Elmo,

Tiene alrededor de 30 años y sigue comportándose como un niño de 3. No tiene retraso mental, sino un marcado complejo de Peter Pan que al parecer le heredó a Michael Jackson de quien fue compañero de juegos durante muchos años. Fue precisamente de esos encuentros que se pensó en producir en masa el juguete "Elmo Cosquillas". Además de aferrarse a la infancia, Elmo se expresa de sí mismo en tercera persona. Esto enoja mucho a Ray. A Ray le parece que muestra un daño psicológico irreversible.



Padres del mundo, si el análisis psicológico de algunos de los personajes de Plaza Sésamo no les parece suficiente, tengo una pieza más de evidencia. Adivinen qué programa de televisión era el favorito de Josele... ¡Exacto! ¡Plaza Sésamo! ¡¡¡Y vean lo que resultó!!! ¡¡¡ Por piedad, salven a sus hijos, aún hay tiempo!!!

jueves 15 de octubre de 2009

Hello Blogger, my old friend, I've come to talk with you again...

Niños y niñas,
Pasa mucho tiempo entre uno y otro de los respiros que ahora la vida me regala y casi siempre los aprovecho para dormir, tirarme en la alfombra a analizar el techo o simplemente a leer o vagar, actividades que han dejado de ser pasatiempos y se han convertido en lujos que no puedo darme a diario.

En la oficina hay nuevos retos, por ejemplo, Claudia, la empleada del Doctor Cándido Pérez que todo el sacrosanto día está fastidiando con dudas que una vez aclaradas sólo lo hacen a uno merecedor de incredulidades y comentarios raros. Y cuando alguien que en otras circunstancias supondríamos sabio por evitarse todo el trámite con un listísimo "no sé y ya", lo que se gana es un regaño acompañado de un "¿Y por qué me contestas no sé? ¿Porque es más fácil no hacer tu trabajo?". A lo que dan ganas de contestarle que SU trabajo es averiguar lo que nos está preguntando y que es ELLA lo único que impide que terminemos nuestro verdadero trabajo. Pero bueno, si uno de estos días ven en el periódico un encabezado con algo así como: "mujer lanzada por la ventana de una oficina", llámenme y si no contesto es que ya me fugué al Tíbet.

En otras noticias, la primera ronda de exámenes me puso en la situación académica más peligrosa de toda mi historia, sin embargo, hoy que ha comenzado otra ronda me fue bastante bien. Necesitaba un 8 y saqué un 8. Como dice Josele, "Pasando la línea es gol".

Cambiando de tema... sigo impresionado. Una chavala a la que yo no conocía hasta este semestre se operó la nariz y se puso una especie de implante en el mentón. Debo decirles que yo no hubiera pensado que recurriera a cirugías estéticas, porque ella ya era bastante guapa. No sé quién es el doctor que la operó, pero cualquier interesada en arreglos de ese tipo debería recurrir a él. ¡Qué magazo el tipo! Justo cuando uno cree que ya, el equipo que trae de fábrica es con el que hay que aguantar, se topa con tipos como este doctor o los de "Pimp my ride" y se impresiona por todo lo que puede hacerse. Quedó la escuincla... bueno, ¿Qué puedo yo decirles? "¿Y qué esperas? ¡Sobres!", dijo un amigo. Pero ya lo dijo el ilustre Jake Harper (Two and a Half Men) citando probablemente a The Law of Inconvenient Anomalies: "If it looks too good to be true, it probably is." Ella se la pasa al teléfono, y eso probablemente indica la presencia de un Estorbo, un Indeseable... Y yo ya aprendí mi lección al respecto. Además, ya parece que alguien cambiará al galán en turno por un tipo como yo... History proves me right (sobre todo por el condenado Hurón).

Y hablando de indeseables, I suddenly remember the beautiful blogging neighbor's post (no porque sea indeseable, au contraire!), me acordé de ella por su blog, y porque pobres mujeres, supongo que debe ser un fastidio cuando las busca un tipejo que no les interesa ni para platicar un rato. Peor todavía cuando el tío cree que la mujer se hace difícil de alcanzar y de pronto lo encontramos llamándola treinta veces al día, haciendo difusa la línea entre persistencia y necedad... tirándole más a la necedad, claro. Pero ahora les presento una cuestión que con frecuencia se olvida: ¿Qué puede ser peor que recibir una llamada indeseable? Pues solamente se me ocurre una cosa: ser el que hace la llamada indeseable (y tener corazón y cerebro, porque los indeseables sin estos dos elementos merecen morir en la hoguera).Por culpa de tipos como esos uno no puede mandar un mensaje de media tarde de miércoles sin pensar: "Qué tal que yo soy también un indeseable". Últimamente cuando he querido mandar algún mensaje "just for the sake of it" me he puesto a pensar: "¿Y si no le da el mismo gusto recibirlo que a mí mandarlo?". ¿Qué tal que soy un indeseable, y lo que para mí es un saludo simpáticón de jueves a las 4, para la destinataria es motivo de desprecio, hartazgo o algo peor: un elocuente "ash" de ojos volteados para arriba. Lo peor de todo es que ahora que aprovecho mis fines de semana para salir, cuando he tenido alguna sospecha o duda de que un mensaje para ir al cine, a comer o por un café pudiera resultar en algo así, mejor lo evito, y claro, no he visto al pueblo porque mis traumas aunque no son más fuertes que mis ganas de ver a personas que no veo seguido, si son más fuertes que mi impulso inicial de ver si "alguien" tiene algo que hacer el sábado...

¿Qué más ha pasado? Ah sí, mi celular agoniza, así que ya he empezado a evaluar la posibilidad de comprar uno nuevo, y con esa posibilidad uno debe evaluar qué necesita en un nuevo teléfono y, claro, qué puede pagar. He decidido abandonar los celulares con internet y ahorrarme los morlacos que requeriría la conexión para comprarme camisas o corbatas (recursos indispensables para el trabajo), así que busco uno al que le quepa muchísima música. Como no tengo Ipod ni otro aparato similar, aprovecharé para matar dos avechuchos con el astuto lanzamiento de un solo bloque mineral y compraré algo más sencillo que mi moribundo celular, siempre que tenga espacio para música.

Que cosas... entre mis traumas, el trabajo, las preocupaciones, las tareas, la falta de tiempo, mis padres, Claudia (la ayudante del Dr. Cándido Pérez) y los logros del Dr. Krasovsky, enloqueceré antes de lo pronosticado...

miércoles 7 de octubre de 2009

Hasta para reprobar hay formas...

No pude estudiar suficiente como para llegar bien armado a los exámenes. En mi escuela, llegar bien armado es como decir que Rambo trae el cuerpo robótico de Terminator, la puntería de Robocop y el arsenal de cualquier película de acción que les guste. Así se tiene que llegar (metafóricamente, claro, porque ni modo de llegar con una bazooka) al examen si uno pretende pasar. Pues resulta que yo llegué prácticamente en cueros a dos. El resultado, un dignísimo 4.2 y un examen en el que espero sacarme el 6 para seguir en la pelea. Si no, tendré que sumergirme en los libros en alguna hora extra que logre exprimirle a los días que de por sí no me alcanzan para lo básico (comer y dormir son lujos que rara vez puedo darme).


Y como todo tiene sus puntos a favor y sus puntos en contra, hasta reprobar puede verse con suficiente optimismo como para no provocarme una crisis nerviosa. Resulta que algunos que ya habían llevado la materia y se la pasaron entre libros de finanzas durante una semana se sacaron peor calificación que yo que apenas pude estudiar tres horas antes del examen. No me alegra que les haya ido mal, me alegra que no me haya ido tan mal dadas las circunstancias. Porque la verdad es que mi calificación infrahumana no refleja una mayor inteligencia en mi humilde persona, sino más puntería a la hora de elegir las opciones (y eso que si me hubiera tocado el examen B, seguro me saco el 7, porque todas mis respuestas adivinadas estaban bien en ese examen... pero bueh... ni modo.)


Además de eso decidí invitar a cenar a una amiga que se la pasa diciéndome que cuándo iremos a comer, que cuándo me quedo un día en la escuela... ya saben. Y yo, con mis recién adquiridas nuevas obligaciones salgo de la escuela para ir corriendo al despacho, así que no había tenido tiempo. Ahora que por fin la invité a cenar, quedó de verme el jueves pasado para afinar detalles. Pasó por el pasillo en el que yo estaba el jueves de la verdad y me dijo "ahorita regreso", si yo fuera un hombre tonto, ahí seguiría recargado en una pared que ya tendría mi silueta grabada. ¿Qué pasó? Vaya usté a sabel. Sospecho que es la historia de siempre, nos mostramos desinteresados y entonces parecemos muy misteriosos, pero ceder un poco equivale a darle vitaminas al orgullo ajeno y a intentar el mismo jueguito de "ahora me toca a mí ser indiferente". Bah.


Y claro, además de eso me enfrento a lo normal, mi crisis de los años veinte, la post-adolescencia de mis compañeritos de escuela, la hostilidad ligera pero siempre chistosa de la competencia en la oficina, los tradicionales regaños de un jefe al que le gusta saberse, sentirse y demostrarse jefe y la famiglia, ah que bonita famiglia la mía. Carajoles.


En fin, me retiro que mi super clase de las 8:30 está por empezar. Ahorita no me acuerdo qué más ha pasado, pero si me acuerdo de algún otro detalle digno de mencionar volveré en la semana con más aventuras, a la misma hora y en el mismo canal.
Cuídense mucho, oh lectores madrugadores y nocturnos (los de la tarde sé que se cuidan, así que no hay por qué aconsejar más cuidados).